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jueves, 29 de octubre de 2009

La Crisis Educativa












(http://www.hiperactivos.com/homeschool.shtml)



La crisis en el sector educativo ha pasado a convertirse en un reto para la seguridad nacional de México. Esta crisis, debida al descuido de los operadores tradicionales de la educación, se ha constituido en un reto a la pervivencia del país, pues una población deficientemente educada produce un impacto negativo muy amplio, al entorpecer las posibilidades de mejoría en todos los niveles de operación social, sin excepción.

Originalmente, la escuela obligatoria surgió como un instrumento progresista, con doble finalidad: sustraer a los niños del trabajo infantil y proveerlos con una educación. Si bien no hay dudas de su éxito en la primera premisa, actualmente el segundo compromiso rara vez es cumplido con eficacia.

El fracaso de la escuela tradicional en muchos países es evidente. En Estados Unidos, por ejemplo, varios estudios muestran que casi 40 por ciento de los estudiantes egresados de preparatoria (High School) no pueden deducir nada significativo después de leer material impreso. Este porcentaje asciende a 45 por ciento si el texto corresponde a material no escolar, como un reportaje o un instructivo. Sólo la quinta parte es capaz de escribir un ensayo comprensible, y apenas la tercera parte puede resolver un problema matemático que requiera pasos múltiples. El 38 por ciento no puede identificar el río Mississippi en un mapa, 35 por ciento no encuentra las montañas Rocosas e, increíblemente, 42 por ciento no localiza su estado de residencia. Con esto no extraña que apenas 30 por ciento sepa que Colón descubrió América, y que la tercera parte no identifique más de tres ex presidentes 1. El Departamento de Educación de Estados Unidos realizó, en agosto de 2001, pruebas para determinar la competencia en matemáticas de los alumnos de último año de preparatoria, y encontró que más de un tercio carecen de capacidad básica en la materia. Esto significa incapacidad para comprender nociones elementales de probabilidad o incluso realizar las operaciones requeridas por un carpintero principiante 2.
En una evaluación realizada en 2000 en España, se encontró un fracaso escolar de 25 por ciento global para los alumnos de 14 a 16 años. Sólo 30 por ciento de los de 14 años alcanzó niveles satisfactorios, mientras que 25 por ciento se situó en lo francamente insatisfactorio, rubro que se eleva hasta 34 por ciento en los de 16 años. Los porcentajes medios de aciertos fueron, por área, 54 en ciencias de la naturaleza; 60 en ciencias sociales, geografía e historia; 64 en lengua castellana y literatura; y 40 en matemáticas 3.

El panorama es peor en México. Con el fin de impulsar un cambio en el plan de estudios, a mediados de los noventa se realizó una evaluación del aprovechamiento de los alumnos en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM. La Secretaría de Planeación de los CCH, según datos de 1993, mostró que apenas 18 por ciento de los alumnos no tenían ninguna materia reprobada, 11 por ciento tenía una, 30 por ciento tenían entre 2 y 6 reprobadas, y 41 entre 7 y 20. En 1994, 45 por ciento de los alumnos que terminaron el primer semestre tenían al menos una asignatura reprobada, y el porcentaje se elevaba a 57 por ciento en quienes terminaron tercero y 70 por ciento quinto, aunque esta última medición se basó en el autoreporte de los alumnos. Con todo y esto, y tomando en cuenta la tradicional renuencia del sistema a la autocrítica, los resultados son malos bajo cualquier óptica.

Sin embargo, 2001 fue el peor año para la careta de calidad educativa del gobierno mexicano. Primero vino la publicación en octubre de los resultados del Tercer Estudio Internacional de Matemáticas y Ciencias (TIMSS por sus siglas en inglés), realizado en 1995, donde México obtuvo, de manera consistente, los últimos y penúltimos lugares en las áreas auditadas. En el examen de matemáticas de primero de secundaria la media global fue de 483 aciertos, y mientras los alumnos de Singapur obtuvieron 601 aciertos, los mexicanos apenas alcanzaron 375. Tan malos eran los resultados, que México solicitó oficialmente ser excluido de la evaluación final, y las cifras permanecieron en manos del gobierno hasta su divulgación 4. Divulgación que, por cierto, dio actualidad a otros resultados, también ignorados hasta entonces, de una evaluación de 12 países latinoamericanos – Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Honduras, Paraguay, República Dominicana, Venezuela y México – realizada por la UNESCO en 2000, donde México obtuvo el sexto lugar en matemáticas y el cuarto en lenguaje. Más tarde, en diciembre de 2001 5 se reportaron los resultados de una evaluación realizada en 32 países por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico de las capacidades en lectura, matemáticas y ciencias de 265 mil alumnos de secundaria, y México se ubicó en el penúltimo lugar en las tres materias. Con estos antecedentes, no extraña que México también se haya excluido, en esta ocasión de antemano, de la aplicación 2003 del TIMSS.

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